CON ‘K’ DE KEWELL

Harry Kewell es, de largo, y a pesar del imponente empeño de Tim Cahill, el mejor referente que ha tenido el fútbol australiano en la última década. El Leeds le sacó con 15 años de la mejor cantera del país, el Marconi Stallions, donde, entre otros, también comenzaron a forjarse nombres tan notables como Schwarzer, Farina, Nick Carle o el mismísimo Christian Vieri, y le hizo debutar en diciembre de 1996 (con 18 años casi recién cumplidos) en la Premier, en un partido que terminó sin goles ante el Tottenham de Gerry Francis.

Lo demás, cualquier aficionado al fútbol lo sabe de carrerilla. Creció y aprendió en el segundo mejor Leeds United que se recuerda, aquel que puso contra las cuerdas a los mejores equipos de Europa en la Champions entre 2000 y 2002 (donde, entre otros, coincidió con gente como Rio Ferdinand, Lee Bowyer, el Ian Harte pre-Levante, un bisoño Robbie Keane, Alan Smith o Viduka), y eso le valió el traspaso al Liverpool el 9 de julio de 2003, por 5 millones de libras. Aquel fue, a sus 25 años, el comienzo y el final de una carrera que empezó con el mismo brío con el que se vino abajo.

El desempeño de Kewell a nivel de clubes fue desdibujándose a medida que el Liverpool se iba haciendo grande. Su figura, idolatrada en Australia, se emponzoñó, y tampoco las reiteradas lesiones en su más que maltrecha rodilla izquierda ayudaron en ningún momento a que llegara a ser el jugador de nivel mundial que se le presuponía cuando destrozaba cinturas en todo el frente del ataque del Leeds europeo. Fichó por el Galatasaray turco, donde ha caído en la sombra más absoluta, y ahí se mantiene, al menos hasta el momento.

Y es que a Harry, como a todo hijo de vecino al que ‘arrancan’ de su patio de recreo, le tira, y mucho, la tierra. La temporada pasada renovó con los otomanos por una temporada más, que ya toca a su fin, y su futuro es tan incierto como el más que probable regreso a Australia. Su notable participación en la pasada Copa Asia con los socceroos, donde los pupilos de Osieck terminaron como subcampeones, le han devuelto a la realidad del calor de su gente. Y en la A-League, qué duda cabe, le recibirían con los brazos abiertos como en su momento ya volvieron Culina, Lazaridis o Archie Thompson. La única condición, obvia, es que rebaje el sueldo que percibe en Turquía (40.000 $ semanales).

Kewell pelea un balón con Yoshida en la final de la Copa Asia

En un torneo recientemente deprimido por la desaparición del North Queensland Fury y la revocación de la licencia del debutante Sydney Rovers, la vuelta de estrellas vuelve a ser, como a comienzos del s.XXI, el principal reclamo para atraer fuentes de ingrestos. Además de Kewell, han sonado para regresar el ya mencionado Mark Schwarzer o Brett Emerton, además de jugadores de perfil medio-alto y trayectorias contrastadas como el francés Robert Pirès. Que Kewell terminará su carrera en Australia es una perogrullada. Que le convenzan para arrancar la temporada 11/12 en alguno de los 10 equipos en liza, es otra historia. De momento, Brisbane, Central Coast, Gold Coast, Sydney, Wellington, Newcastle Jets y Melbourne Heart son los únicos que podrían hacerle un hueco, pues actualmente no cuentan en sus filas con ningún jugador franquicia. Harry no volverá nunca a ser el del Leeds. Pero reventar los estadios australianos depende en gran parte de la decisión que tome este verano.

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