AUSTRALIA RASCA EN LA TRAGEDIA DANESA

Hasta dos veces sonó el pitido inicial en el Australia-Dinamarca que cerraba la fase de grupos del Mundial sub17 de México. Y no porque hubiera ningún tipo de irregularidad en el saque, o porque saltara el Jimmy Jump de turno (danés, imaginamos, cegado por una sobredosis de pastas de mantequilla), sino porque tras suspenderse el encuentro a los 25 minutos con 0-1 en el marcador (tanto de Fischer), la FIFA entendió, incomprensiblemente, que debía reanudarse horas después… Desde el 0-0 inicial, borrando tanto la ventaja de Dinamarca (que necesitaba tres goles para pasar como tercera de grupo) como las tarjetas que hubo durante esos 25 minutos.

Sorprende, en primer lugar, que los daneses no reclamaran nada a este respecto, al menos de puertas para afuera. Se conoce que, reglamento en mano, la FIFA estipula que en torneos cortos siempre que haya una suspensión a mitad de partido, este deberá reanudarse desde el pitido inicial sin contar el resultado anterior, para evitar fundamentalmente la tentación de incurrir en delitos relacionados con apuestas ilegales, amaño de partidos o todas las sospechas derivadas de esto. Algo que, como es obvio, no puede discutirse si es cosa de ley, pero que el organismo presidido por Joseph Blatter no ha salido a explicar.

El partido, ya reanudado y con los primeros octavos a la vuelta de la esquina, finalizó con un empate (1-1) que clasifica a Australia para octavos como tercera de grupo después de la remontada ante la posteriormente querida y amada por todos Costa de Marfil en la primera jornada. La buena impresión dejada también contra Brasil confirma que el pase de la selección australiana no es fruto de la casualidad y que, salvo la mancha de la reanudación del encuentro por completo (cacicada, dirán los ‘danish’), está más que justificada.

Cooper y Corey Brown intentan poner cerco a Sorensen, autor del gol

Sorprendió el técnico Versleijen, además, dejando en el banquillo a un Makarounas que sí había sido titular en el simulacro de partido disputado la noche anterior. En su lugar dio entrada a Stefan Mauk, que poco o nada tiene que ver con el ’10’ australiano y que de hecho, dejó su lugar en el once al descanso a Luke Remington, a la postre protagonista. Dinamarca se adelantó con un tanto de Sorensen a la media hora de encuentro, situación que se vio agravada por la expulsión un minuto después del australiano Perkatis.

Aguantó Australia como pudo, consciente de que Dinamarca, reducida, apaleada y maltratada por los hados del destino o del gerifalte mayor de la FIFA, tampoco albergaba ninguna esperanza. El toque psicológico de que te ‘roben’ 25 minutos de buen fútbol y un 0-1 a favor pesó demasiado sobre los hombres de Thomas Frank, que en ningún momento durante el torneo se parecieron lo más mínimo a esa selección danesa que rozó la final del Europeo sub17 hace apenas dos meses. Remington, en el 89, empató el encuentro con un auténtico golazo y envió a Australia a octavos, donde se medirá a Uzbekistán, rival humillado por Nueva Zelanda en la fase de grupos. Y que además, para los nostálgicos, podrá tomarse cumplida venganza de la derrota, no menos dolorosa, ante Australia en la Copa Asia disputada en Qatar a comienzos de 2011.

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