KENNEDY Y EL EFECTO OSIECK

Volvió la calma. Tras el espantoso ridículo ante Tailandia en la primera jornada, Australia se desquitó ganando con facilidad a domicilio (1-3) a una Arabia Saudí tricampeona de Asia cuyos mejores años han caído definitivamente en el foso donde caen a veces los más grandes. Hubo dos principales valedores de esta victoria, bastante significativa si tenemos en cuenta que Arabia Saudí era el ‘coco’ de ese grupo D rumbo a Brasil 2014: Holger Osieck, quien entró en razón y aparcó los experimentos para otra ocasión, y sobre todo, Joshua Kennedy, quien se llevó un doblete a casa con una sonrisa de oreja a oreja.

Llevando el '9' la vida es mucho más fácil

Atenazados por la experiencia tailandesa (selección que, ojo, se postula para el segundo puesto tras derrotar a Omán en su partido), los australianos salieron timoratos, lentos, ordenados pero sin valentía. Un vicio habitual y conocido, sello inequívoco del conservadurismo latente de Osieck, a quien el experimento fallido de probar a McKay en el lateral zurdo en el anterior encuentro le sirvió para reforzar su teoría del pivote ultradestructivo.

El técnico alemán devolvió a Zullo a ese flanco zurdo y adelantó a McKay, aunque sacrificó a nada menos que Tim Cahill para mantener a Brett Holman en el once. Kilkenny y Spiranovic, titulares contra Tailandia, barrieron banquillo en favor de Jedinak y Ognenovski, en teoría los titularísimos y elegidos para partidos de mayor calado. A este primero, a quien veremos este año en el Crystal Palace inglés, hay que darle confianza. Tiene un potencial increíble como mediocentro. Es completísimo, tiene casi de todo. Por tener, hasta le sobra frialdad, lo que acusó la tensa línea del centro del campo hasta pasada la media hora.

Quien hizo saltar ese punto enquistado fue Wilkshire, quien pasa por un espectacular momento de forma. El lateral, a quien se le nota a la legua que está disputando una competición, la Premier rusa, que ha alcanzado ya su ecuador, está varios puntos por encima de sus compañeros a nivel físico. Prueba de ello es el 0-1, que llegó en el minuto 40. Wilkshire desbordó sin despeinarse a Al-Montashari, sacado de su posición habitual, y puso un centro al área que Kennedy cabeceó impecable a las redes, elevando su 1,92 por encima de los centrales sauditas. Era su cuarto gol en los últimos tres partidos, sumando el doblete que le hizo también a Nueva Zelanda en el amistoso del 5 de junio.

Lección de tiempos en el aire

Con este panorama, y ya respirando, Australia se marchó al descanso. Los locales, cuyo banquillo ocupa un Rijkaard que también ha sucumbido al olor de lo exótico, aportaron entre cero y nada a estos primeros 45 minutos, salvo la complacencia de vislumbrar cómo los socceroos intentaban cosas sin pensar cosas. Pero tras el rigor mortis del bocadillo en Dammam, donde se disputó el partido, llegaría la versión ‘B’ de un equipo que refrenda favoritismo y momento de resultados. Australia puso el 0-2 en el marcador al rato de comenzar la segunda mitad, después de que Kennedy aprovechara una cesión de Holman tras un error garrafal del meta Al-Otaibi en la salida del balón; 0-2, minuto 56. Con este tanto, el ariete del Nagoya japonés subió su quinto gol en tres partidos. Cifras del delantero ‘top’ que nunca fue y probablemente nunca será.

'El Ibrahimovic de las Antípodas', matador

El partido se quedó por el camino. Aunque Arabia Saudí consiguió recortar distancias gracias a la rapidez de Al-Shamrani, que recogió el rechace de Schwarzer al penalti que él mismo tiró, el resultado estaba atado y bien atado. Y hasta que Wilkshire no obtuvo el premio a su alarde de pulmón con el 1-3, gol que hizo desde los once metros, Osieck no removió el banquillo. Entraron, para sumar minutos sin más, Kruse, Cahill y Milligan. Y con la victoria, números de campeón: líder de su grupo, 2 partidos, 6 puntos, 5 goles a favor y 2 en contra.

El premio de Wilkshire, guau guau

Además, conociendo que para octubre los rivales (Malasia en un amistoso, y Omán) no exigirán demasiado. Osieck puede caminar tranquilo. Si le apetece, que se suelte la melena, que además para entonces el planeta estará más pendiente del inicio de la A-League (Kewell y Emerton al frente) que de otra cosa. Y así, y con Kennedy ‘on fire’, es más fácil acercarse a las cifras de Terry Venables en el 98. Australia da miedo.

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