FABIO GROSSO AL VICTORY; VUELVE EL MALO

Cuando parecía que la A-League ya no podía ganar más empaque en ‘historias de vida’ después de que Sydney y Victory repescaran a Emerton y Kewell el año pasado para la liga local, llegó Fabio Grosso, campeón del mundo con Italia en 2006, y se vendió al mejor postor en Australia. El jugador, que a sus 34 años (cumple 35 en noviembre) finalizaba contrato con la Juventus (donde este año ha pasado totalmente desapercibido, sólo 2 partidos), habló maravillas del fútbol australiano, probablemente convencido por alguno de los muchos italo-australianos que conoce (Grella, Bresciano, Vieri…). Su agente se puso a buscar y encontró al Victory, donde muy probablemente, a falta de anuncio oficial, jugará la próxima temporada.

El conjunto victoriano, que ya ha perdido tres jugadores en defensa de cara a la temporada que viene (Kemp, Fabinho y Vargas, los tres de importancia capital en la retaguardia), necesita renovar como el comer sobre todo su flanco izquierdo. De ahí que hasta la fecha el único fichaje confirmado sea el del joven Adama Traoré, una de las joyas que ha quedado libre tras la desaparición del Gold Coast. Grosso, ya en las últimas líneas de su carrera, vendría a reforzar bien ese costado o bien el centro de la defensa, donde también ha desempeñado parte de su trayectoria profesional.

La llegada de Fabio Grosso a la A-League australiana esconde, no obstante, uno de esos ‘peros’ que tanto nos gustan, una historia de rencor que habrá que limpiar si el Victory quiere entrar con buen pie en el campo empático de los seguidores al soccer allí; y es que Australia no guarda buen recuerdo precisamente de Grosso, pues en octavos de final del Mundial de 2006 ya referido, provocó un penalti más que discutible a tres segunos del final del partido entre Italia y Australia, que terminó suponiendo el único gol del partido a favor de los italianos y la eliminación de Australia del torneo. Medina Cantalejo, árbitro de aquel encuentro, picó. Grosso, enseguida apodado en Australia ‘The Diver’ (el buceador), fue señalado como uno de los enemigos públicos del fútbol aussie.

Y ahora, está a unas horas de volver.

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