TIEMPO DE ‘COMER HUEVOS’ EN EL SYDNEY

(Artículo que rechazó Tristan Rayner, editor de The Roar, días atrás)

Joel Chianese celebra un gol

Existe un proverbio en España que dice: “Cuando seas mayor, comerás huevos”. Por ‘comer huevos’, todos entendemos algo como “hacer lo que hacen los mayores”. En otras palabras, es una frase sobre la responsabilidad, el tiempo y la paciencia. Podríamos llevarlo al terreno de la A-League en general, pero particularmente al marco del Sydney, para analizar lo que la llegada de Del Piero debe aportar a los más jóvenes del equipo, qué pueden aprender de él para sentir el impulso de pasar a ser importantes de ahora en adelante.

Jugadores como Antonis o Petratos parecen mayores de lo que son (18 y 19 respectivamente), sólo porque hicieron su debut hace dos años, y la gente está ya acostumbrada a verles en el campo, incluso siendo claves para el anterior técnico, Lavicka. A los 19, en 1993, Del Piero empezó a jugar sus primeros partidos con la Juventus, pues ese fue el año en que firmó procedente del Padova. Podríamos afirmar, sin rubor, que estos dos jugadores, Antonis y Petratos, llevan dos años de ventaja a Del Piero en el sentido de que comenzaron su carrera dos años antes de lo que él lo hizo, jugando al nivel más alto de su país y en un club destacado como es el Sydney. Sólo el tiempo dirá si están preparados para ser aunque sea la mitad de lo que Alessandro es.

Pero la responsabilidad de los jóvenes en Sydney no muere en Petratos o Antonis: otros como Mallia (20) o Chianese (22) también pueden aprender de él sobre todo en ataque, que es donde se desenvuelven, y quizás el punto principal donde el Sydney falló la temporada pasada en busca de mejores resultados. Ryall y Grant también son sub23, por lo que también pueden apuntarse algunas lecciones sobre todo relacionadas con lo que se hace fuera del campo: trato con los medios, claves para motivar el grupo… La llegada de Del Piero no sólo va a aportar mayor seguimiento internacional de la A-League, será además el mejor instructor posible de estos chicos. Sería un error (común, por otra parte) pensar que ha llegado a Australia para hacer dinero, tumbado con un mojito en una mano y un fajo en la otra: su presencia en Sydney, el equipo que ha perdido su poder en la A-League los últimos dos años en parte por culpa de la explosión de Brisbane, debe además afianzar a jugadores de los que Australia espera mucho.

Por supuesto, otros más veteranos como Bosschaart o Brett Emerton deben ayudar en este objetivo. Pero no hay duda de que el espejo a mirarse será Del Piero, quien preparará a todos estos polluelos para ‘comer huevos’ y hacerles importantes no sólo para el club, sino para todo el país.

[ARTÍCULO ORIGINAL (en inglés)]

SER, PARECER, ESTAR: LECCIÓN DE NUEVA ZELANDA A ESPAÑA

No hay evidencia que sostenga lo contrario. España era la favorita a todo, era la generación de oro, llegaba con dos campeones del mundo y tres de Europa, y tenía un grupo que, aunque complicado, no parecía que fuera a generarle demasiados problemas. O al menos, que fuera a dejarle a cero durante más de cuatro horas (270 minutos) y rascando apenas un punto de nueve en juego. La España favoritísima de Luis Milla, abanderada del éxito prematuro y agobiante, ha sido última en un grupo con Honduras (?), Marruecos (?) y Japón, la única ante la cual puede perdonarse un pinchazo de forma objetiva y ateniendo a las expectativas.

A priori, ¿cuál es la favorita?

Lo de Nueva Zelanda es muy diferente. Los kiwis perdieron mal ante Bielorrusia y así cavaron su tumba: en el segundo encuentro, contra Egipto, llegaron a adelantarse con un gol de Chris Wood y después se dejaron empatar; y ante Brasil, aún con opciones (remotas, obvio), de pasar a cuartos, salvaron como pudieron la honra cayendo solo por 3-0 ante un conjunto en el que Menezes introdujo varios cambios. No hay color: Nueva Zelanda (que por cierto, empató a Japón en un amistoso previo a estos Juegos), llegó con menores expectativas y, aunque ha quedado igualmente última de su grupo, al menos ha logrado marcar un gol y llegar al tercer partido con opciones de pasar.

Participación de Nueva Zelanda en los JJ.OO. (vía ceroacero.es)

Comparar esta circunstancia no da ningún tipo de pista sobre nada que no sea lo aburrido que resulta dar cosas por hecho a veces y despreciar, bien por miedo o ignorancia, aquello que no conocemos. El caso es que esta Nueva Zelanda, joven, lógicamente por hacer, ha salido en sus tres partidos con cinco delanteros, con un apasionante 4-1-3-2 que coge el testigo del anterior 4-3-3, igualmente atrevido pero más formal que útil. Hay mucho futuro en estos chavales, en los Howieson, Payne, Wood, Dakota Lucas, Rojas, Barbarouses, Hogg o Musa. Gente que compite como adultos en unos Juegos Olímpicos y no dejan que la ilusión tapone la realidad. Por supuesto los Koke, Jordi Alba, Botía, De Gea, Muniain o Isco también están llamados a serlo todo. Pero claro, lo difícil de la vida es que por encima del verso, está el caminar. Que como decía mi profesora de Historia en secundaria, “el movimiento se demuestra andando”.