PERTH TROPIEZA OTRA VEZ CON EL ÁRBITRO

archieDejó de aparecer Shane Smeltz, y apareció Archie Thompson, para definir cuál de sus equipos avanzaría a semifinales para encontrarse con el Central Coast. Así, cuando todo parecía perdido para el Victory de Archie, apareció uno de los intangibles del fútbol, el árbitro, para desatar el nudo. Perth había dominado la primera mitad –gol de Nagai incluido tras un error de Nathan Coe- y parte de la segunda, pero cuando el encuentro boqueaba se encontró con un penalti a favor que parecía iba a llevarles a la antesala de la gloria. Smeltz, que volvía tras los cuidados recibidos después de ser pateado en la cara con Nueva Zelanda, hizo zumbar el larguero con un trallazo que no vio puerta, y en la siguiente acción se decidió el partido: el árbitro del mismo, Jarred Gillett, vio penalti de Jamieson sobre Nabbout rondando el minuto 90, y además de expulsar al infractor por doble amarilla, señaló la pena máxima que permitió a Milligan empatar y forzar la prórroga. Se da la circunstancia de que Gillett también fue el colegiado que picó con otro piscinazo, en esta ocasión de Berisha, en la mismísima final de la pasada A-League y también contra Perth, quienes probablemente tengan razones de sobra para sentirse agraviados. La prórroga tuvo poca historia, pues al comenzar, Archie Thompson remachó en semifallo a la red un servicio de Marco Rojas y puso el que sería el 2-1 definitivo. Así las cosas, los de Postecoglou avanzan a semifinales, donde esperan los Mariners de Graham Arnold, aunque lo hacen dejando un regusto de injusticia en el sentir general de los aficionados a la A-League, a tenor de lo visto y pitado. Aunque, claro está, de haber entrado el penalti de Smeltz, las cosas hubieran podido ser diferentes. He aquí un nuevo capítulo en la diatriba sobre merecimientos y justicias que rodean al balompié. La cosa es que uno pasó, y el otro no. Best luck next season, Glory.

perth

PD. A raíz de la desafortunada labor del árbitro, tuvo lugar una curiosa conversación en Twitter entre Matt Ryan (portero del Central Coast) y Erik Paartalu, ex de Brisbane y ahora en China. El primero hizo referencia al árbitro que “robó el año pasado a Perth” y Brisbane, que era integrante de aquel equipo, respondió. Aunque ambos son compañeros, la tensión y la ironía entre ambos quedó patente en tuits sucesivos.

A-LEAGUE 2012-2013: MELBOURNE VICTORY

Temporadas en A-League: 7

Mejor puesto: Campeón (2007, 2009)

Entrenador: Ange POSTECOGLOU (12- )

ALTAS: Adama Traoré (Gold Coast), Milligan (JEF United), Jonathan Bru (Moreirense), Marcos Flores (Jianye), Finkler (Criciúma), Gallagher (Central Coast), Markelis (Vicenza), Dilevski (Adelaide), Davies (Hoffenheim)

BAJAS: Fabio (Sydney), Kemp (West Adelaide), Brebner (Moreland Zebras), Solórzano (Alajuelense), Vargas (Green Gully), Pondeljak (St Albans Saints), Carlos Hernández (Prayag), Covic (Sydney Wanderers), Kewell (sin equipo), Luzardo (Assyriska).

LA ESTRELLA:

MARCOS FLORES. Ex de Newell’s, triunfó en la temporada 10-11 con Adelaide, ganando los premios al mejor jugador, mejor jugador joven y mejor jugador del equipo. Su paso por China fue un tanto oscuro, pero ha vuelto para liderar a un equipo falto de imaginación y sobre todo de alegrías. Rápido, muy técnico y certero cara a puerta sin ser delantero.

A SEGUIR:

THEO MARKELIS. Liberado por el Vicenza, Markelis llegó incluso a probar suerte en España, donde estuvo dos temporadas en las inferiores del Valencia. Ha completado una pretemporada discreta pero tiene cualidades para dar qué hablar este año: escurridizo, generoso y explosivo, mejor como segunda punta o en banda.

EXPECTATIVAS:

El año pasado partía como principal candidato al título tras firmar a Kewell pero terminó fuera de los puestos de playoffs (y gracias) tras una tercera vuelta horripilante, después de tres años consecutivos entrando. En apenas dos años ha perdido el grueso de la plantilla que campeonó en 2009, pero aún quedan retazos como Archie Thompson, que parece vivir una segunda juventud, Broxham o Allsopp. Ha fichado con criterio y se espera que este año, más refrescado, vuelva a posicionarse como el grande de Australia que se le presupone que es. Salvo catástrofe estará en playoffs: difícilmente peleará por el título, aunque haya reclutado al técnico campeón de las dos últimas A-League, Postecoglou.

ANÉCDOTA:

Es el equipo más seguido y apoyado de Australia. Tiene el récord actual de asistencia (55.000 espectadores) y los derbis con el Heart, como el que abre la temporada 12-13, se han encargado de darle un cariz especial a la entidad.

FABIO GROSSO AL VICTORY; VUELVE EL MALO

Cuando parecía que la A-League ya no podía ganar más empaque en ‘historias de vida’ después de que Sydney y Victory repescaran a Emerton y Kewell el año pasado para la liga local, llegó Fabio Grosso, campeón del mundo con Italia en 2006, y se vendió al mejor postor en Australia. El jugador, que a sus 34 años (cumple 35 en noviembre) finalizaba contrato con la Juventus (donde este año ha pasado totalmente desapercibido, sólo 2 partidos), habló maravillas del fútbol australiano, probablemente convencido por alguno de los muchos italo-australianos que conoce (Grella, Bresciano, Vieri…). Su agente se puso a buscar y encontró al Victory, donde muy probablemente, a falta de anuncio oficial, jugará la próxima temporada.

El conjunto victoriano, que ya ha perdido tres jugadores en defensa de cara a la temporada que viene (Kemp, Fabinho y Vargas, los tres de importancia capital en la retaguardia), necesita renovar como el comer sobre todo su flanco izquierdo. De ahí que hasta la fecha el único fichaje confirmado sea el del joven Adama Traoré, una de las joyas que ha quedado libre tras la desaparición del Gold Coast. Grosso, ya en las últimas líneas de su carrera, vendría a reforzar bien ese costado o bien el centro de la defensa, donde también ha desempeñado parte de su trayectoria profesional.

La llegada de Fabio Grosso a la A-League australiana esconde, no obstante, uno de esos ‘peros’ que tanto nos gustan, una historia de rencor que habrá que limpiar si el Victory quiere entrar con buen pie en el campo empático de los seguidores al soccer allí; y es que Australia no guarda buen recuerdo precisamente de Grosso, pues en octavos de final del Mundial de 2006 ya referido, provocó un penalti más que discutible a tres segunos del final del partido entre Italia y Australia, que terminó suponiendo el único gol del partido a favor de los italianos y la eliminación de Australia del torneo. Medina Cantalejo, árbitro de aquel encuentro, picó. Grosso, enseguida apodado en Australia ‘The Diver’ (el buceador), fue señalado como uno de los enemigos públicos del fútbol aussie.

Y ahora, está a unas horas de volver.

A-LEAGUE 2012; APLAUSO Y CIERRE

¿Sabéis lo que significa que cada 31 de diciembre los informativos abran a mediodía en España con la celebración de Año Nuevo en Australia? En efecto. Que para seguir su fútbol hay que madrugar. Casi siempre merece la pena, por cierto, aunque implique transmutar los encurtidos y la Freeway del chino por el cola-cao (del Mercadona) y, si procede, otro tipo de acompañamiento de salubridad cuestionable. La Hyundai A-League así lo merece, como ha vuelto a quedar demostrado esta temporada con el desenlace del título, que recayó de nuevo en manos de Brisbane Roar, campeón también el pasado año. Perth, el finalista que aspiraba a no terminar último cuando empezó el campeonato, soñó con pintar de barniz el laurel de su corona (fue en 2004 el último campeón de la National Soccer League, el torneo que dio paso a la actual A-League), y de no ser por el jubileo de Brisbane, que remontó en 13 minutos (del 83 al 96, penalti inexistente incluido), habría dado la campanada más sonora que se recuerda en el continente. Y el listón, particularmente en el fútbol australiano, está alto respecto a sorpresas y revelaciones.

Este año, sin ir más lejos, ha sido el de los aspirantes humillados. Sydney y Melbourne Victory formaron sendos equipos con aroma a campeón sobrado. Brett Emerton (por su porfía en el Blackburn inglés lo conoceréis) y Kewell (no merece presentación) lideraron ambos proyectos, que sin embargo fracasaron estrepitosamente. Si bien Sydney (campeón de la A-League en 2006 y 2010) logró meterse en playoffs in extremis en el último encuentro de liga (siendo eliminado en el primer cruce por Wellington), el Victory de Kewell se quedó fuera de los puestos de acceso a la final en una liga en la que, por hacer daño, cabe remarcar que se clasifican los 6 primeros de un total de 10 equipos participantes. Ambos, por descontado, cambiarán de entrenador de cara a la próxima temporada, que afrontarán con bastante más tiempo para remendar errores, dado que tampoco están jugando la Champions League asiática, donde dicho sea de paso, también sucumbieron en la 10-11.

Respecto a las sorpresas positivas, además de Perth (por descontado), hay que remarcar el bien que han hecho al fútbol dos equipos en concreto, como son el Wellington Phoenix (ya referido antes, club con solera, único neozelandés en el campeonato australiano) y el Melbourne Heart, su antítesis, creado la temporada pasada y sostenido por un fuerte capital que llegó a tentar al mismísimo Ronaldo Luiz Nazario cuando éste ya coqueteaba con la retirada. Australia, además de emoción, garantiza pelea, colorido. Pese a ser el cuarto deporte del país, el fútbol va abriéndose paso poco a poco como una de las prioridades. Los más de 50.000 asistentes a la final (récord de asistencia en un partido no disputado en Melbourne) son un buen termómetro. De ahí que el flujo entre jóvenes que salen a Europa (Leckie, al M’Gladbach; Mustafa Amini, al Dortmund; Barbarouses, al Alania…) y el de veteranos que quieren volver (Cahill o Schwarzer son carne de relato de hijo pródigo) mantenga un equilibrio sensual respecto a competitividad que suma otro atractivo más a la competición.

Este año, emocionantísimo, ha costado menos que nunca sucumbir al tono de alarma ‘campanario’ del iPhone cuando tocaba, para buscar ese stream horrible (gracias, Fox Sports, por vuestra complicidad). Brisbane arrancó el año con el récord de victorias seguidas en el deporte australiano (que recaía en un equipo de rugby de Sydney de los años 70), pero en navidades se dejó llevar y Central Coast, uno de los equipos más competitivos del campeonato, le robó la cartera durante varias jornadas. Todo esto con un ojo en valores emergentes y otro en el inestable y kafkiano trato que dispensa la Federación Australiana a su competición reina, poco menos que mercadeando con los formatos y los equipos (el año pasado desapareció Queensland Roar, este año de momento ya ha caído Gold Coast y Newcastle Jets pende de un hilo). De ahí que cada año parezca que mires una competición distinta, aunque siempre, siempre, haya algún detalle que la engrandezca. Como quiera que sea que las palabras no soportan imágenes, sólo os puedo emplazar a la próxima temporada, para la que de momento hay confirmados 9 equipos, incluyendo uno nuevo de Sydney (habrá derbi, como ya lo hay en Melbourne), y a intentar seguir a la selección, que ha dado un salto cualitativo inmenso desde 2006, incluyendo el subcampeonato de la Copa Asia de Qatar.

El fútbol australiano está en auge, y esto, compañeros, no es opinión. Aunque, como aquel anuncio de la ONG se encargaba de remover, tendría que ser una celebritie de esto quien os lo dijera para que me toméis en serio.

Go, aussies, go. (La RFEF, por cierto, se está peleando por cerrar un amistoso en Sydney para 2013. No es casual.)

MELBOURNE VICTORY: MOST RIDICULOUS EVER

Era difícil de imaginar en octubre (yo les daba como máximos favoritos al título), pero los imposibles también pasan. El Melbourne Victory se quedó, a falta de tres jornadas, sin opciones matemáticas de disputar los playoffs de la A-League (se clasifican los 6 primeros de una liga con 10 equipos) por primera vez desde 2008, cuando se quedaron a cuatro puntos de entrar en la lista de finalistas. El Victory, bicampeón en 2007 y 2009, firmó su defunción en la presente temporada ante nada menos que su archirrival en Australia, el Sydney, en el conocido como ‘Big Blue’ (algo así como el Clásico de allí). La derrota por 1-0 dejó sin opciones a un equipo con nombres como Kewell, Archie Thompson, Solórzano, Marco Rojas, Covic o Carlos Hernández, que a última hora firmó al marfileño Adama Traoré (Gold Coast) y al español Ubay Luzardo, ex de Las Palmas, que fue testigo directo de la disolución de un grande.